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RESUMEN
Por: Giovanni Matos Director del La Crónica Viral
En la República Dominicana, conducir por las calles del Distrito Nacional durante la noche se ha convertido en una experiencia que oscila entre la imprudencia y el peligro. Lo que durante el día ya representa un desafío para cualquier conductor o peatón, en las horas nocturnas se transforma con frecuencia en una auténtica anarquía vial.
Semáforos ignorados, giros indebidos, exceso de velocidad y motocicletas circulando sin ningún tipo de control forman parte de una escena cotidiana que pone en riesgo la vida de miles de ciudadanos. Pero más preocupante aún es que estas violaciones de las normas de tránsito parecen haberse normalizado, especialmente entre algunos sectores del transporte público.
No es raro observar cómo conductores de guaguas, carros del concho, motocicletas y camiones cruzan intersecciones con el semáforo en rojo como si se tratara de una simple sugerencia. En muchos casos lo hacen sin reducir la velocidad, confiando en que a esa hora de la noche no habrá vigilancia ni consecuencias.
Esta realidad deja en evidencia una debilidad estructural en la aplicación de las normas de tránsito. La autoridad encargada de velar por el orden vial, la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre, enfrenta el enorme reto de controlar un parque vehicular creciente y una cultura de conducción donde demasiados ciudadanos han aprendido a ignorar las reglas.
Sin embargo, el problema no puede seguir enfrentándose únicamente con la presencia física de agentes en las calles. Las ciudades modernas han entendido que la tecnología es un aliado imprescindible para garantizar el cumplimiento de las leyes.
Por esa razón, resulta urgente que las autoridades dominicanas implementen un sistema de cámaras de vigilancia en todos los semáforos y en las principales avenidas del Distrito Nacional. Este mecanismo permitiría registrar automáticamente a los conductores que violen la luz roja, excedan los límites de velocidad o cometan otras infracciones graves.
A través de la identificación de la placa del vehículo, las sanciones podrían aplicarse de manera directa y sin margen para la evasión. Este tipo de sistema no solo facilitaría el trabajo de las autoridades, sino que también enviaría un mensaje claro: las normas de tránsito deben respetarse en todo momento, incluso cuando parece que nadie está mirando.
Además de la implementación tecnológica, también es indispensable que la vigilancia vial funcione de manera permanente. El tránsito no se detiene al caer la noche, y por lo tanto la supervisión tampoco debería hacerlo.
La DIGESETT necesita fortalecer su presencia operativa para garantizar que sus servicios funcionen las 24 horas del día, no solo en el Distrito Nacional, sino también en las principales carreteras que conectan las distintas provincias del país. Las autopistas dominicanas, especialmente durante la noche, se han convertido en escenarios frecuentes de imprudencia y accidentes que muchas veces terminan en tragedia.
La seguridad vial no puede depender de la suerte ni de la buena voluntad de los conductores. Requiere reglas claras, vigilancia constante y sanciones efectivas para quienes deciden ignorarlas.
En definitiva, el problema del tránsito en la República Dominicana no es únicamente una cuestión de infraestructura o de número de vehículos. Es también un asunto de cultura ciudadana y de autoridad institucional.
Mientras los conductores sientan que violar un semáforo no tiene consecuencias, la imprudencia seguirá dominando las calles. Pero si las reglas comienzan a aplicarse con rigor —y con la ayuda de la tecnología— es posible iniciar un cambio que devuelva el orden y la seguridad a nuestras vías.
Porque al final, cada semáforo que se ignora no es solo una infracción. Es una vida que se pone en riesgo. Y esa es una irresponsabilidad que ningún país debería tolerar.
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