Estilo de vida

Tema de debate: las personas raras veces acaban las conversaciones cuando lo desean

MIÉRCOLES, 3 de marzo de 2021 (HealthDay News) — ¿Alguna vez ha estado atrapado en una conversación trivial que deseaba que acabara?

Le ha pasado a casi todo el mundo, según la nueva investigación, que encuentra que, con frecuencia, ambas partes de una conversación quieren que acabe antes de lo que acaba.

Con frecuencia lo contrario también es cierto. El autor del estudio, Adam Mastroianni, dijo que a su equipo “le sorprendió encontrar que las conversaciones a veces acaban antes de lo que ambas personas desean. De hecho, muchas personas salen de una conversación [y] dicen que querían más. Pero casi todo el mundo sale de una conversación y dice que quería algo distinto“.

Mastroianni, candidato doctoral del departamento de psicología de la Universidad de Harvard, explicó que la idea para el estudio le llegó mientras se preparaba para ir a una fiesta.

“Comencé a pensar que en realidad no quería ir a esa fiesta, porque inevitablemente iba a hablar con alguien y entonces sentiría que estaba listo para dejar de hablar, y no hay una forma educada para hacerlo. Entones me di cuenta de que no soy tan especial. ¿Qué pasa si la otra persona está pensando exactamente lo mismo, y ambos estamos atrapados en una conversación porque pensamos que es lo que la otra persona quiere?”.

Esto llevó a Mastroianni a realizar dos experimentos. En el primero se encuestó a más de 800 personas sobre una conversación presencial reciente que hubieran tenido con otra persona. (El estudio comenzó antes de la pandemia). Esas conversaciones duraron entre uno y 45 minutos, e implicaron a alguien que la persona conocía bien, como un amigo o familiar.

En el segundo experimento, los investigadores trajeron a unos 250 voluntarios a un laboratorio, donde los emparejaron con un desconocido. De nuevo, las conversaciones duraron de uno a 45 minutos.

¿El resultado? Alrededor de dos tercios de los participantes en ambos experimentos dijeron que hubo un momento durante su conversación en que estaban listos para finalizarla, y los que se sintieron así estuvieron menos contentos con la conversación que los que no. Por otra parte, los voluntarios de la encuesta y de laboratorio indicaron que habrían preferido que la conversación hubiera durado más o menos un 24 y un 14 por ciento más, respectivamente, pero los voluntarios de laboratorio subestimaron el deseo de hablar de su pareja en alrededor de un 15 por ciento.

“Las conversaciones casi nunca acabaron cuando ambas personas lo deseaban, y las conversaciones raras veces acabaron incluso cuando una persona lo deseaba”, apuntó Mastroianni.

¿Por qué? En primer lugar, la mayoría de las personas tenían en mente unos finales distintos. Y en segundo lugar, porque las personas en general carecen de la información que necesitan para darse cuenta de forma precisa en qué momento la otra persona ya quiere irse.

Mastroianni lo llamó un “problema de coordinación” con un giro inesperado. “Se podría pensar que cuando dos personas no obtienen lo que desean de una conversación, es porque una persona deseaba más y una persona deseaba menos. En realidad, en más de la mitad de las conversaciones, ¡ambas personas deseaban más o ambas deseaban menos!”.

¿Por qué hacen las personas tan mal una tarea tan básica?

Mark Leary, profesor de psicología y neurociencias de la Universidad de Duke, sugirió que “las probabilidades de que dos personas deseen que una conversación ocurra de la misma forma exacta son relativamente bajas”. Leary no participó en el estudio.

“Quizá deseen lograr cosas distintas”, apuntó Leary. “Podrían tener distintas limitaciones en términos de las actividades en competencia y la cantidad de tiempo disponible. Una persona podría estar sacando más de la conversación que otra. Podrían sentir unos niveles distintos de comodidad con el otro. Y una persona podría ser simplemente más atractiva o interesante que la otra, de forma que una persona esté más motivada para mantener la conversación”.

Pero Mastroianni sugiere que la idea de que las personas son malas conversadoras no es el punto.

“No creemos que se trate de que las personas sean malas en cuanto a la emisión o la detección de las pistas”, aclaró. “Es que las personas quieren ocultar sus pistas, y lo hacen bastante bien. Es maleducado irse en medio de la historia de alguien, y es maleducado atrapar a alguien en la historia propia. Como resultado, no nos decimos mutuamente que nos sentimos atrapados o que queremos seguir, lo que deja a nuestras parejas con poca idea sobre lo que nosotros deseamos”.

Quizá permitir que una conversación continúe más allá de su vida útil sea el lubricante que permite que la maquinaria social siga funcionando.

“Todos deseamos llevarnos bien”, anotó Mastroianni, “así que somos muy sensibles sobre cualquier cosa que pudiera señalar a nuestras parejas de conversación que no nos caen bien, ya sea retenerlos demasiado tiempo o despacharlos demasiado pronto”. Entonces, permitir que las conversaciones lleguen hasta el final de una forma más o menos poco satisfactoria podría valer la pena “si todos nos despedimos como amigos”, añadió.

Los hallazgos se publicarán en la edición del 9 de marzo de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Fuente: Health Day

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