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Lo sentimos, tu perro no te está entendiendo tan bien como creías

Por algo se le llama comúnmente “el mejor amigo del hombre”. Los perros están ahí no solo para hacernos compañía y colmarnos de amor, sino también en ocasiones para ayudar a personas más indefensas como ciegos o enfermos. Su instinto les hace detectar estímulos que nosotros somos incapaces de percibir, de ahí que presuman de tener un gran olfato que, si se entrena, puede servir para detectar sustancias ilegales o armas, así como para rescatar víctimas en desastres naturales.

Justamente por esto podrías pensar que tu perro entiende cada palabra que le dices, pero es probable que no esté pendiente de cada vocablo, según descubrió un nuevo estudio.

A pesar de la excelente audición de los perros y su capacidad para analizar y procesar diferentes sonidos del habla, los perros pueden pasar por alto incluso diferencias menores, ya que no distinguen variaciones sutiles entre palabras que suenan similares, según el estudio dirigido por investigadores de la Universidad Eötvös Loránd (Budapest) indica que .

“Si bien los perros tienen habilidades notables para la cognición social y la comunicación, la cantidad de palabras que aprenden a reconocer generalmente sigue siendo muy baja”, explican los investigadores en su artículo publicado en la Royal Society Open Science. “La razón de esta capacidad limitada aún no está clara”, añaden.

Para probar estas limitaciones en el vocabulario auditivo de los perros (si lo desea), los investigadores llevaron a cabo un experimento, en el que más de 40 perros fueron llevados al laboratorio, midiendo su actividad cerebral de forma no invasiva mediante electrodos de electroencefalografía (EEG) colocados en el cuero cabelludo, recoge Science Alert.

Prueba con tres tipos de palabras

Mientras estaban conectados al equipo, los animales escucharon tres tipos diferentes de palabras pronunciadas en una grabación: palabras de instrucción familiares (por ejemplo, ‘sentarse’), palabras sin sentido fonéticamente similares (por ejemplo, ‘sut’) y palabras sin sentido diferentes (por ejemplo. ‘ bep ‘).

Los resultados del EEG, basados ​​en un subconjunto de 17 animales cuyos datos se consideraron confiables, mostraron una clara diferencia en las respuestas cerebrales de los perros, llamados potenciales relacionados con eventos (ERP, por sus siglas en inglés), cuando escucharon palabras familiares o palabras sin sentido que suenan diferentes.

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Sin embargo, en general, los ERP sugirieron que los perros no podían distinguir entre las instrucciones familiares (como ‘sentarse’) y términos sin sentido que suenan similares (como ‘sut’), dada la superposición fonética entre ellos.

Los investigadores plantean la hipótesis de que la limitación no se debe a una discriminación perceptiva insuficiente, ya que los perros anteriormente eran capaces de identificar cambios sutiles en los sonidos del habla humana, sino que podría reflejar algo sobre cómo los animales enfocan su atención.

 

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Los bebés pequeños, señalan los investigadores, tampoco pueden discriminar entre palabras que suenan muy similares cuando son muy pequeños (menores de 14 meses), pero luego aprenden a distinguir cambios leves en la fonética, que es lo que subyace a la capacidad humana de poseer vocabularios amplios.

Por alguna razón, que la investigación futura podría dilucidar, parece que los perros no superan ese obstáculo y no prestan atención a todos los sonidos del habla que forman las palabras.

Este podría ser un factor de por qué los perros tienden a aprender solo una cantidad limitada de palabras humanas, pero también podría significar que no entienden a los humanos tanto como los humanos podrían pensar: palabras que suenan similares podrían hacerlos tropezar, ser percibidos en sus cerebros como lo mismo.

“De manera similar al caso de los bebés humanos, especulamos que la similitud de la actividad cerebral de los perros para las palabras de instrucción que conocen y para palabras sin sentido similares no refleja limitaciones perceptivas sino sesgos de atención y procesamiento”, explica el investigador principal Attila Andics .

“Es posible que los perros no presten atención a todos los detalles del sonido del habla cuando escuchan las palabras”.

Fuente: El Confidencial

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